Diseñar hábitos claros no solo mejora la forma en que los equipos se comunican y protegen,también es clave para sostener la productividad en el trabajo.
El futuro del trabajo ya no es una proyección lejana, sino una realidad que se construye todos los días entre oficinas y hogares. La adopción de modelos híbridos transformó la forma de trabajar y de liderar equipos. Pero también expuso nuevas vulnerabilidades. En este contexto, el desafío para las empresas pasa por diseñar escenarios de trabajo que sean inteligentes, seguros y sostenibles en el tiempo.
En América Latina, el trabajo híbrido se consolidó más rápido que las condiciones necesarias para sostenerlo. Silvina Mora, especialista en gestión de talento y cultura, afirmó en conversación con POST que muchas compañías adoptaron esta modalidad como respuesta a una urgencia y no como una decisión estratégica.
Hoy, con el crecimiento de las amenazas digitales y con un escenario laboral cada vez más distribuido, la conversación se vuelve inevitable: ¿cómo se construye un modelo de trabajo que combine flexibilidad, seguridad y colaboración real?
El riesgo invisible del trabajo híbrido
Uno de los principales problemas no está en la tecnología, sino en el contexto.“El mayor riesgo del trabajo híbrido no es tecnológico, sino contextual. Cuando una persona pasa de la oficina a su casa o a un café, muchas veces asume que el nivel de seguridad es el mismo, y no lo es”, explicó José Alejandro Fleming González, consultor en ciberseguridad, en conversación con POST.
Factores como redes Wi-Fi mal configuradas, dispositivos personales sin parches de seguridad o la mezcla entre lo laboral y lo personal en un mismo dispsitivo aumentan la superficie de ataque. A eso se suma una falsa sensación de confianza que lleva a bajar la guardia frente a correos o enlaces inesperados.
“En contextos híbridos, este cambio de comportamiento facilita ataques de phishing, robo de credenciales y accesos no autorizados, que siguen siendo una de las principales vías de ingreso para los incidentes de ciberseguridad”, advirtió Fleming González.
Hábitos que protegen la colaboración y los datos
Frente a este escenario, la seguridad no puede recaer únicamente en los equipos técnicos. Fleming González sostuvo que el primer paso es construir una cultura de concientización activa y continua. “Estas iniciativas permiten divulgar políticas, explicar riesgos reales y establecer criterios comunes. Así, las personas comprenden su rol en la protección de la información y evitan actuar solo por intuición”, señaló.
En el día a día, colaborar de forma segura implica adoptar hábitos simples pero consistentes, como:
- Usar autenticación multifactor.
- Desconfiar de solicitudes inesperadas.
- Trabajar solo en canales oficiales.
- Respetar los accesos definidos según cada rol.
“Una práctica fundamental es detenerse y verificar antes de actuar. Ante un correo o mensaje inusual, consultar y validar puede evitar incidentes mayores”, remarcó.
Desde esta mirada, el trabajo híbrido requiere un cambio de mentalidad. La seguridad ya no es un estado, sino un proceso continuo que acompaña cada acceso y cada interacción.
Desafíos culturales del trabajo distribuido
Mora remarcó que el principal desafío del trabajo híbrido en la región es cultural. No se trata solo de incorporar herramientas digitales, sino de repensar cómo se lidera, cómo se colabora y cómo se organiza el trabajo.
El pasaje desde modelos basados en la presencialidad y el control hacia esquemas sustentados en la autonomía y la gestión por objetivos sigue siendo uno de los puntos más sensibles. “El trabajo híbrido debe pensarse como una forma distinta de trabajar, que necesita ser diseñada”, sostuvo.
En este proceso, el rol de las áreas de Gestión de Personas resulta clave. Acompañar la transformación implica desarrollar nuevas capacidades de liderazgo y establecer marcos claros que pongan a las personas en el centro.
Colaboración más allá de las herramientas digitales
Aunque las herramientas digitales son necesarias, no alcanzan por sí solas para garantizar la colaboración y la productividad. En ese sentido, Mora subrayó la necesidad de construir acuerdos explícitos sobre cómo se trabaja:
- Expectativas
- Prioridades
- Tiempos de respuesta
- Formas de comunicación
“Estos acuerdos organizan la dinámica cotidiana y reducen fricciones, sobre todo cuando los equipos no comparten el mismo espacio físico cada día”, explicó.
No se trata de sumar reuniones, sino de diseñar encuentros que fortalezcan vínculos y permitan resolver temas complejos. “La colaboración se construye a partir de hábitos cotidianos: dar feedback, reconocer, pedir ayuda y generar confianza”, afirmó.
Resiliencia digital y humana
El avance de las amenazas cibernéticas en la región revela la necesidad de fortalecer la resiliencia digital. Según un informe de Check Point, en 2025 aproximadamente el 80% de las empresas latinoamericanas sufrió al menos una intrusión. Además, se registraron entre 2640 y 3048 ataques cibernéticos por semana.
Sin embargo, Fleming González destacó que “un equipo resiliente sabe cómo reaccionar cuando algo falla, a quién reportar y con qué urgencia”.
En sintonía, Mora subrayó la importancia de desarrollar habilidades blandas. Competencias como el liderazgo empático, la comunicación asertiva, la inteligencia emocional y un mindset de aprendizaje continuo se vuelven esenciales en esta nueva etapa del trabajo.
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