Aunque puede parecer una estrategia simple, el carry trade expone al inversor a movimientos abruptos del mercado y requiere una supervisión constante.
El carry trade es una estrategia ampliamente utilizada a nivel global, especialmente por inversores institucionales y operadores con experiencia. Su principal atractivo radica en la posibilidad de obtener ganancias financieras a partir de las diferencias entre tasas de interés de distintos países o monedas.
Sin embargo, aunque el concepto resulta sencillo en términos teóricos, el carry trade implica una exposición significativa a variables financieras y macroeconómicas que pueden modificarse de manera abrupta.
Qué es el carry trade y cómo funciona
El carry trade consiste en financiarse en una moneda con tasa de interés baja y destinar esos fondos a invertir en activos financieros denominados en otra moneda que ofrece una tasa de interés más elevada.
La ganancia potencial surge del diferencial de tasas entre ambas monedas. Para que la estrategia sea rentable, el tipo de cambio debe mantenerse estable o evolucionar a favor del inversor.
En otras palabras, la rentabilidad esperada no proviene únicamente de la tasa de interés, sino también del comportamiento del tipo de cambio. Si la moneda en la que se realiza la inversión se aprecia frente a la moneda utilizada para el financiamiento, la ganancia se incrementa.
Por el contrario, una depreciación cambiaria puede reducir o incluso eliminar el beneficio obtenido por el diferencial de tasas. Por este motivo, el carry trade suele desarrollarse en contextos de estabilidad financiera, con baja volatilidad cambiaria y expectativas de continuidad en las políticas monetarias.
Cuando estas condiciones se alteran, la estrategia puede perder atractivo de manera rápida. Esta operatoria puede llevarse adelante a través de distintos instrumentos financieros, como bonos, depósitos, letras o productos derivados, según el perfil del inversor y el mercado en el que opere.
Cuáles son los principales riesgos del carry trade
El riesgo más relevante del carry trade es el riesgo cambiario. Una variación desfavorable en el tipo de cambio puede generar pérdidas que superen ampliamente los intereses obtenidos.
Incluso movimientos moderados pueden impactar de forma significativa en la rentabilidad, especialmente cuando se utilizan posiciones apalancadas. Otro factor clave es el riesgo de tasa de interés. Si la tasa de la moneda utilizada para financiar la operación aumenta, o si la tasa del activo en el que se invierte disminuye, el diferencial que sostiene la estrategia se reduce.
Cambios en la política monetaria, decisiones de los bancos centrales o variaciones en las expectativas del mercado pueden modificar este escenario con rapidez. También debe considerarse el riesgo de volatilidad financiera.
En períodos de incertidumbre global o tensión en los mercados, muchos inversores tienden a desarmar posiciones de carry trade de manera simultánea. Este comportamiento puede generar movimientos bruscos en los tipos de cambio y amplificar las pérdidas.
A esto se suma el riesgo de liquidez, ya que en contextos adversos puede resultar difícil cerrar posiciones sin asumir pérdidas adicionales. En algunos mercados, la profundidad y el volumen de operaciones pueden reducirse de forma significativa cuando aumenta la aversión al riesgo.
Por último, el carry trade requiere una gestión activa y una supervisión permanente. No se trata de una estrategia pasiva: es necesario monitorear de forma constante las variables macroeconómicas, financieras y monetarias de las economías involucradas. Sin una adecuada administración del riesgo, el atractivo inicial del diferencial de tasas puede diluirse y derivar en pérdidas inesperadas.
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