Por qué la generación Z siente primero el impacto de la IA en el mercado laboral

Por Equipo Santander Post | 23-04-2026 | 3 min de lectura

Una investigación de Stanford con datos de millones de empleados encontró que el empleo entre jóvenes de 22 a 25 años cayó un 13% en los roles más expuestos a la IA desde 2022. Son los más familiarizados con la tecnología, pero también los más vulnerables a sus primeras consecuencias laborales.

Hay una paradoja en el centro del debate sobre inteligencia artificial y empleo: los trabajadores más jóvenes, los que crecieron con la tecnología, los que adoptan nuevas herramientas con mayor naturalidad, son también los que están sintiendo primero y con más intensidad el impacto de la IA en el mercado laboral. No como catástrofe, sino como una reconfiguración silenciosa que está cambiando las condiciones de entrada al mundo del trabajo.

Una investigación de tres economistas de la Universidad de Stanford — Erik Brynjolfsson, Bharat Chandar y Ruyu Chen — analizó registros de nómina de millones de trabajadores y su hallazgo central fue contundente: los trabajadores de entre 22 y 25 años en los roles más expuestos a la IA — entre ellos ingeniería de software, atención al cliente, contabilidad y tareas administrativas — vieron una caída del 13% en el empleo desde fines de 2022, cuando el lanzamiento masivo de ChatGPT aceleró la adopción de IA generativa.

En contraste, los trabajadores mayores en los mismos roles vieron su empleo mantenerse estable o crecer entre un 6% y un 9%.

Los puestos de entrada, los más vulnerables

El mercado laboral tiene una lógica de escalera: los jóvenes entran por los peldaños más bajos, acumulan experiencia y van subiendo. Esos peldaños más bajos suelen ser roles de soporte, tareas repetitivas, procesamiento de información, asistencia administrativa. Son, precisamente, las tareas que la automatización con IA está aprendiendo a hacer primero y mejor. El problema no es que desaparezcan los trabajos en abstracto: es que desaparecen los empleos de entrada, los que permitían a una persona joven construir experiencia dentro de una organización.

Los investigadores de Stanford tienen una explicación clara para este fenómeno: los modelos de IA son entrenados con libros, artículos y material escrito disponible en internet — exactamente el tipo de conocimiento codificado que una persona adquiere durante su formación universitaria antes de entrar al mercado laboral. Los trabajadores mayores, en cambio, acumulan conocimiento tácito — trucos del oficio, experiencia de campo, habilidades no escritas en ningún manual — que los modelos de IA todavía no pueden replicar. Esa diferencia es hoy una ventaja concreta y medible.

Una oportunidad disfrazada de amenaza

El estudio de Stanford no es una sentencia. Es, como dicen sus propios autores, evidencia temprana de los primeros movimientos de lo que llaman la “revolución de la IA” en el mercado laboral. Y tiene una lectura importante: no todas las aplicaciones de IA generan los mismos efectos. En ocupaciones donde la IA complementa el trabajo humano en lugar de reemplazarlo, los cambios en el empleo son mínimos o incluso positivos. La diferencia está en si la tecnología se usa para automatizar tareas completas o para potenciar a quien las realiza.

Para los jóvenes que están entrando al mercado laboral, el mensaje es claro: las habilidades que van a marcar la diferencia en los próximos años son las que la IA todavía no puede replicar — criterio, creatividad, capacidad de comunicación, inteligencia emocional, conocimiento contextual. Invertir en esas habilidades, en paralelo a la alfabetización tecnológica, es la mejor apuesta para navegar un mercado laboral que ya no es el mismo de hace tres años.

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