Miles de hogares enfrentan una doble presión económica que obliga a ordenar gastos, ajustar prioridades y repensar el presupuesto familiar para sostener ambas generaciones sin desbordarse financieramente.
Llegar a fin de mes ya representa un desafío para muchas familias. Pero para quienes sostienen económicamente a sus hijos mientras también acompañan,o incluso mantienen, a sus padres mayores, la ecuación se vuelve todavía más compleja. Esta realidad, cada vez más visible debido al aumento de la longevidad y a los cambios económicos del país, dio lugar a lo que se conoce como la generación sándwich.
Se trata de adultos, generalmente en la mediana edad, que quedan en medio de dos demandas de cuidado. Hacia abajo, los hijos; hacia arriba, los padres. Y aunque el fenómeno suele abordarse desde una perspectiva emocional, también plantea desafíos concretos en materia de organización financiera.
Ricardo Iacub, doctor en psicología, profesor titular de la UBA y especialista en personas mayores, advirtió en conversación con POST que este escenario puede convertirse en “uno de los grandes desafíos de la mediana edad”, sobre todo cuando se mezcla con trabajo y crianza.
Un informe de la AARP y la Alianza Nacional para el Cuidado de Personas Dependientes de EE.UU. advierte que casi uno de cada tres cuidadores forma parte de la llamada “generación sándwich”. El estudio señala, además, que cerca del 70% de estas personas tiene dificultades para equilibrar el trabajo con las responsabilidades de cuidado, mientras que más de la mitad reconoce endeudamiento o la reducción del ahorro.
En Argentina, donde los ingresos muchas veces corren por detrás de los gastos, esta doble responsabilidad obliga a desarrollar estrategias para sostener dos generaciones sin comprometer la estabilidad propia
El desafío financiero de sostener hijos y padres al mismo tiempo
“Esta situación exige un esfuerzo mayor para tener el presupuesto ordenado”, señaló Paula Martínez, economista y fundadora de Mi Presupuesto Familiar, en diálogo con POST. No existe una fórmula única porque cada estructura familiar es distinta, pero sí hay un punto en común. Sin planificación, el desgaste financiero se manifiesta rápidamente.
Cuando los padres viven por separado, por ejemplo, los gastos pueden multiplicarse. “Implica sostener dos casas o, incluso, asumir costos vinculados a un hogar o a cuidados específicos”, explicó la especialista. Si conviven bajo el mismo techo, quizás la presión económica no crezca tanto, aunque también surgen otras sobrecargas vinculadas al tiempo y a las tareas de cuidado.
A eso se suma que muchas personas de esta generación aún tienen hijos en edad escolar, lo que incrementa los compromisos y gastos fijos. Frente a ese escenario, el desorden presupuestario suele ser uno de los primeros problemas.
Ordenar antes de ajustar
El primer paso no pasa por recortar sino por entender. “El orden empieza con un diagnóstico. Saber cuánto ganamos por mes y en qué gastamos”, sostuvo Martínez.
Ese diagnóstico implica:
- Revisar gastos fijos
- Registrar consumos variables (los del día a día)
- Detectar cuáles pueden optimizarse
Más que una recomendación clásica de educación financiera, en este contexto funciona como una herramienta de supervivencia.
Uno de los puntos centrales es diferenciar las ayudas esporádicas de los compromisos permanentes. Cuando el apoyo a los padres es recurrente, se recomienda asignar un monto fijo mensual e incorporarlo como gasto estructural en el presupuesto.
Si los adultos mayores viven solos, incluso puede funcionar como un presupuesto paralelo. Los ingresos jubilatorios más un aporte definido de los hijos. Si conviven, en cambio, puede integrarse todo en un presupuesto familiar único, contemplando los gastos específicos del adulto mayor. La lógica, según explicó, es transformar una ayuda improvisada en una decisión planificada.
Otro elemento clave es el ahorro. “Hay que cultivar ese hábito todo el tiempo”, planteó. Y dentro de ese ahorro, el primer objetivo debería ser construir un fondo de reserva para emergencias, algo especialmente importante cuando aumentan los riesgos de gastos médicos o de imprevistos.
Los errores que más se repiten
Aunque muchas dificultades se parecen a las de cualquier hogar con cuentas desordenadas, en la generación sándwich algunos errores tienden a amplificarse.
No registrar gastos sigue siendo uno de los principales. Pero también aparece la tendencia a:
- Subestimar los costos futuros del cuidado
- Mezclar ayudas puntuales con gastos permanentes
- Postergar el propio ahorro para la jubilación
Sobre este último punto, Martínez advirtió que suele ser uno de los sacrificios más peligrosos. “Es fundamental ir generando un ahorro a lo largo del tiempo para complementar lo que se va a cobrar”, señaló.
Entre las estrategias más realistas que propuso:
- Revisar que los gastos fijos no superen el 50% del presupuesto
- Monitorear consumos diarios
- Separar gastos necesarios de superfluos
- Construir incluso dos fondos de reserva: uno para el hogar propio y otro destinado a contingencias de los padres
Más que fórmulas rígidas, son mecanismos para evitar que toda la presión recaiga en la urgencia.
Cuando el desafío no es solo económico
Pero la generación sándwich no se explica únicamente en números. Detrás de esa doble demanda suelen aparecer:
- Agotamiento
- Culpa
- Tensiones familiares
- Sensación de no llegar
“Muchas veces coincide con personas que están trabajando, tienen sus propias responsabilidades y al mismo tiempo tienen que cuidar a alguien con dependencia. Eso puede generar una sobrecarga importante”, explicó.
Esa presión no siempre se traduce únicamente en cansancio. También aparecen conflictos entre hermanos sobre quién cuida, desacuerdos sobre decisiones médicas o tensiones vinculadas a cuánto resignar de la propia vida.
En ese escenario, los roles familiares también se reconfiguran. A veces los hijos empiezan a asumir decisiones sobre los padres desde una lógica de sobreprotección que no siempre contempla la autonomía de las personas mayores. Iacub advirtió sobre ese riesgo y sostuvo que cuidar no debería implicar anular.
“Los hijos tienen que aprender a acompañar sin obturar”, planteó. Y subrayó que muchas personas mayores, incluso con ciertas dificultades, conservan capacidad de decisión y derechos que deben respetarse.
Repartir el cuidado, no concentrarlo
Uno de los grandes problemas en estos hogares es que las responsabilidades suelen recaer de forma desigual sobre una sola persona. Muchas veces, una hija, un hijo o un miembro de la familia termina absorbiendo una carga que debería distribuirse. Para evitarlo, Iacub señaló la importancia de construir acuerdos familiares más realistas y no suponer que el cuidado siempre deba resolverse dentro del núcleo doméstico.
En algunos casos, apoyarse en cuidadores externos puede ser una mejor solución que intentar que todo recaiga sobre los hijos. También destaca la necesidad de acompañar procesos como la viudez o los duelos, momentos en los que los adultos mayores pueden requerir apoyo específico, aunque no exista dependencia física.
“El problema aparece cuando nos pedimos más de la cuenta”, advirtió. Porque allí surgen bronca, desgaste y, muchas veces, vínculos dañados.
En un contexto económico como el argentino, donde sostener un hogar ya implica un desafío, la generación sándwich expone que el cuidado también necesita planificación. Y que organizar las finanzas, poner límites, repartir responsabilidades y pensar en el largo plazo puede ser una forma de aliviar una carga que, de otro modo, se vuelve difícil de sostener.
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