La sustentabilidad dejó de ser marketing: ahora puede impactar directo en el presupuesto

Por Equipo Santander Post | 20-07-2026 | 5 min de lectura

Las empresas empiezan a mirar el reacondicionamiento, la reutilización y la disposición segura de equipos como una forma concreta de reducir gastos y recuperar valor. 

 Durante años, la sustentabilidad ocupó un lugar periférico en muchas compañías. Quedó asociada a reportes, reputación o campañas institucionales, mientras las decisiones sobre infraestructura tecnológica siguieron atadas a costos, productividad y necesidades operativas. Ese esquema cambió. Hoy, la gestión de computadoras, servidores y dispositivos en desuso ya entra en la agenda financiera de las empresas. 

Según el último Global E-waste Monitor de Naciones Unidas, el mundo generó 62 millones de toneladas de residuos electrónicos en un año y ese volumen podría aumentar otro 32% hacia 2030. Detrás de esas cifras hay metales, componentes y equipos con valor productivo que muchas veces quedan fuera del circuito económico. 

El auge de la disposición de activos de IT 

La disposición de activos de IT (ITAD, por sus siglas en inglés) se transformó hoy en un proceso crítico para auditar, recuperar, reacondicionar y reinsertar equipamiento tecnológico en el mercado. Lo que antes se trataba como descarte puede volver a operar como activo, con controles técnicos destinados a verificar funcionamiento y rendimiento. 

En el ámbito corporativo, la disposición de activos de IT refiere al proceso de retirar equipos tecnológicos del uso activo y gestionarlos de manera segura, trazable y sustentable. Esto incluye borrar o destruir datos sensibles, evaluar si los dispositivos pueden reacondicionarse o revenderse, y reciclar los componentes que ya no tienen vida útil, bajo estándares que reduzcan riesgos legales, ambientales y de ciberseguridad.  

La tecnología reacondicionada gana espacio porque permite reducir el gasto frente a la compra de equipos nuevos y extender la vida útil de activos que todavía conservan valor productivo. En un informe de economía circular, KPMG citó el caso de Back Market, marketplace europeo de tecnología reacondicionada, que evitó 382.642 toneladas de emisiones de carbono en 2023 mediante la venta de dispositivos reacondicionados a través de su plataforma 

El cambio también responde a una presión mayor de inversores, clientes y mercados, que empiezan a exigir datos concretos sobre eficiencia de recursos, criterios ESG y reducción de impacto ambiental 

Una cuestión de estrategia corporativa 

Alejandra Scafati, Coordinadora del Centro de Monitoreo de la Acción Climática de las Empresas de la Pontificia Universidad Católica Argentina, remarca que “las organizaciones más avanzadas ya no administran el final de vida de sus equipos tecnológicos como un costo, sino como parte de la gestión integral de sus activos”. 

 Según la especialista, la clave está en extender el ciclo de vida de la tecnología. “Antes de pensar en reciclar, las empresas deberían priorizar la reutilización, el reacondicionamiento, la actualización tecnológica y la reinserción de los equipos en nuevos mercados o dentro de la propia organización”, profundiza. Y agrega que “esta lógica responde a los principios de la economía circular, donde el mayor valor ambiental y económico se genera manteniendo los productos en uso durante el mayor tiempo posible”. 

 Gustavo Fernandez Protomastro, biólogo y magíster en Ingeniería y Gestión Ambiental, sostiene que la economía circular es generadora de empleo con inclusión social y de menor impacto en el entorno. “Los residuos de unos se convierten en recursos para otros. El producto debe ser diseñado para ser deconstruido. La economía circular consigue convertir nuestros residuos en materias primas, paradigma de un sistema de futuro. Finalmente, este sistema es un sistema generador de empleo local y no deslocalizable”, indica Protomastro. 

La gestión de residuos electrónicos entra en la agenda empresaria 

El informe Minería urbana y la gestión de los residuos electrónicos, de Gustavo Fernández Protomastro, plantea este punto con claridad al referirse a los grandes generadores. Allí señala que empresas y organismos públicos comenzaron a clasificar sus residuos de aparatos eléctricos y electrónicos para gestionarlos de manera correcta.  

No es suficiente con retirar equipos obsoletos del inventario o liberar espacio en depósitos. “El primer paso es hacer un diagnóstico ambiental de la organización, identificar qué residuos se generan, en qué áreas aparecen, qué volumen representan y qué nivel de riesgo tienen”, remarca Protomastro. 

El informe propone una secuencia de buenas prácticas que incluye inspección, relevamiento de pérdidas y desechos, identificación de fuentes de generación y clasificación de los residuos según peligrosidad, origen, destino posible, grado de control y condiciones de almacenamiento temporal. 

Ese enfoque transforma a los residuos electrónicos en un tema de gestión interna. Para una empresa, una computadora fuera de uso puede ser un activo recuperable, un residuo peligroso o una fuente de incumplimiento, según cómo se la administre. La diferencia está en la trazabilidad: saber dónde se generó, cómo se almacenó, quién la retiró, qué tratamiento recibió y qué materiales pudieron volver al circuito productivo. 

La discusión también alcanza a fabricantes, importadores y distribuidores. El especialista sostiene que quienes colocan productos en el mercado deben participar en la gestión posterior de esos bienes una vez que se convierten en residuos. Esto puede traducirse en restricciones al uso de sustancias peligrosas, metas de reutilización y reciclaje, y sistemas que obliguen a recuperar un porcentaje de lo que se comercializa. 

Administrar mejor los activos tecnológicos, extender su vida útil, recuperar valor de los equipos en desuso y garantizar una disposición segura ya no responde solo a una agenda ambiental: también puede ordenar costos, reducir riesgos y mejorar la eficiencia del negocio. La pregunta para las empresas ya no es si deben ocuparse de sus residuos electrónicos, sino cuánto valor están perdiendo por no hacerlo a tiempo. 

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