“Doom spending”: qué es y cómo evitar que la ansiedad consuma tus ahorros

Por Equipo Santander Post | 21-07-2026 | 3 min de lectura

Administrar el dinero también implica entender cómo influyen las emociones en las decisiones de consumo. En POST te contamos qué es el Doom Spending, su impacto en las finanzas personales y cómo evitarlo. 

Tomar decisiones con el dinero no siempre es un proceso completamente racional. El contexto, las preocupaciones cotidianas e incluso las emociones pueden influir en la forma en que las personas administran sus ingresos y realizan sus compras. 

En ese escenario, en los últimos años comenzó a ganar visibilidad un concepto conocido como doom spending, una conducta que consiste en realizar gastos impulsivos como respuesta a la incertidumbre o al estrés.  

Comprender de qué se trata y aprender a identificar este comportamiento puede ayudar a proteger las finanzas personales y mantener el presupuesto bajo control. 

Qué es el doom spending 

El término doom spending, que podría traducirse como “gastar por fatalismo“, hace referencia a la tendencia a llevar a cabo compras impulsivas para lograr una sensación momentánea de bienestar frente a situaciones de incertidumbre, ansiedad o preocupación. 

En estos casos, la compra deja de responder a una necesidad concreta y pasa a estar motivada principalmente por un estado emocional. El alivio suele ser temporal y, en muchos casos, da paso a la sensación de culpa o al arrepentimiento por haber comprometido dinero que estaba destinado a otros objetivos. 

Este comportamiento puede manifestarse de distintas maneras, por ejemplo: 

  • Comprar ropa u otros productos sin haberlos planificado. 
  • Cambiar dispositivos tecnológicos que todavía funcionan correctamente. 
  • Reservar viajes sin evaluar previamente el presupuesto. 
  • Pedir comida con frecuencia como respuesta al cansancio o al estrés. 

Si bien cualquiera puede atravesar este tipo de situaciones, el fenómeno ganó popularidad en los últimos años porque muchas personas comenzaron a compartir estas experiencias en redes sociales y a ponerle nombre a una conducta cada vez más frecuente. 

Cómo puede afectar al presupuesto 

El principal problema del doom spending no suele ser una compra aislada, sino la repetición del comportamiento a lo largo del tiempo. 

Cuando los gastos impulsivos se vuelven habituales, pueden dificultar el cumplimiento de objetivos financieros como ahorrar, invertir o cancelar deudas. Además, existe el riesgo de recurrir al financiamiento para sostener consumos que no estaban previstos. 

Entre las principales consecuencias se encuentran: 

  • Menor capacidad de ahorro. 
  • Desequilibrios en el presupuesto mensual. 
  • Mayor utilización de crédito para financiar consumos. 
  • Dificultades para alcanzar objetivos financieros de mediano y largo plazo. 

Por eso, antes de realizar una compra importante, suele ser útil analizar si responde a una necesidad real o si está motivada por una emoción pasajera. 

Estrategias para evitar las compras impulsivas 

Si bien no existe una fórmula única para evitar el doom spending, incorporar algunos hábitos puede ayudar a tomar decisiones más conscientes. 

Una de las recomendaciones más utilizadas consiste en esperar unas horas —o incluso un día completo— antes de concretar una compra que no estaba planificada. Ese tiempo permite evaluar si realmente se necesita el producto o si el impulso desaparece. 

También resulta contar con un presupuesto actualizado y definir previamente cuánto dinero se destinará cada mes al consumo, al ahorro y a los gastos personales. Incluso reservar un monto específico para pequeños gustos puede ayudar a disfrutar del dinero sin afectar otros objetivos financieros. 

Otra estrategia consiste en registrar los gastos. Revisar periódicamente en qué se utiliza el dinero permite detectar patrones de consumo y reconocer situaciones en las que las compras responden más a emociones que a necesidades. 

Por último, construir un fondo de emergencia puede brindar mayor tranquilidad frente a situaciones imprevistas y reducir la sensación de incertidumbre que, en algunos casos, favorece este tipo de decisiones. 

Entender cómo influyen las emociones en la administración del dinero forma parte de la educación financiera. Reconocer estos comportamientos no implica dejar de disfrutar de los ingresos propios, sino encontrar un equilibrio que permita satisfacer necesidades presentes sin descuidar los objetivos financieros del futuro. 

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