Qué necesitan los argentinos para desconectarse del trabajo de verdad

Por Equipo Santander Post | 13-10-2026 | 5 min de lectura

El trabajo puede seguir ocupando la cabeza mucho después de que termine la jornada. Descansar de verdad también depende de las condiciones que permiten dejar de estar disponibles. 

Cerrar la computadora, salir de la oficina o terminar un turno marca el final de la jornada. Sin embargo, los pendientes pueden seguir presentes durante la cena, una salida o el momento de acostarse. El horario termina, pero la atención permanece puesta en el trabajo. 

Para quienes llegan al tiempo libre con cansancio o preocupación, descansar exige algo más que silenciar las notificaciones. También importa cómo transcurrió el día, qué quedó por resolver y qué se espera de ellos cuando dejan de estar disponibles. 

La desconexión laboral se construye con decisiones personales y condiciones que las hagan posibles. Revisar las cargas de trabajo, acordar límites y respetar las pausas puede ayudar a que el descanso tenga un lugar concreto en la rutina. 

¿Por qué cuesta desconectarse después del trabajo? 

Según el estudio Vacaciones 3.0 de Bumeran, difundido en 2026, el 55% de las personas trabajadoras consultadas en Argentina logra desconectarse por completo de sus responsabilidades durante las vacaciones, mientras que el 45% restante mantiene algún vínculo con el trabajo. 

“El problema aparece cuando la persona termina su jornada, pero su sistema todavía sigue ‘trabajando’”, señala la Lic. Silvina Hunt, terapista ocupacional y ergónoma. “Puede haber terminado el horario laboral, pero continúa pensando en pendientes, resolviendo problemas, anticipando el día siguiente o intentando recuperar el nivel de activación que le exigió el trabajo”, agrega.  

Brenda Schebesta, especialista en desarrollo humano organizacional, considera que las medidas de una organización son necesarias para facilitar la desconexión. “Puede establecer horarios, políticas, límites y acuerdos. Puede evitar enviar mensajes fuera de determinados momentos. Puede organizar reemplazos. Puede garantizar que alguien que se toma vacaciones no tenga que seguir resolviendo temas”, afirma. 

No obstante, aun con esas medidas, puede persistir la preocupación por un problema abierto o la sensación de perjudicar al equipo al no responder. Schebesta explica que establecer reglas puede no ser suficiente “porque podemos establecer que después de las 18 hs no se envían correos y, sin embargo, una persona puede continuar mentalmente conectada con el trabajo durante toda la noche”. 

El descanso también depende de cómo se trabaja 

La posibilidad de recuperarse empieza a definirse durante la jornada. Para los argentinos consultados en el Randstad Employer Brand Research 2026, un buen ambiente laboral es el factor más mencionado para lograr un balance entre trabajo y vida personal, con el 64% de las respuestas. 

Al analizar cómo se organiza el trabajo, Hunt describe los posibles efectos de las condiciones cotidianas. “Una jornada puede resultar agotadora cuando combina una alta demanda física, cognitiva y emocional con poca autonomía, pausas insuficientes, ritmos sostenidos, trabajo repetitivo, posturas mantenidas, presión por tiempos o necesidad de permanecer permanentemente disponible”, sostiene. 

También enumera situaciones que pueden pasar inadvertidas: “Cambios frecuentes de tarea, interrupciones constantes, dificultad para desconectarse mentalmente, turnos rotativos o nocturnos, jornadas extensas y una organización que no contempla adecuadamente los tiempos de recuperación”. 

Por su parte, Schebesta señala que algunos hábitos refuerzan esa exigencia. “En muchas organizaciones todavía está naturalizado decir ‘estoy tapado de trabajo’, tener la agenda completa de reuniones, responder inmediatamente cualquier mensaje o almorzar frente a la computadora como señales de compromiso”, comenta. 

Cuando esas conductas se vuelven habituales, resulta difícil reservar momentos para concentrarse o hacer una pausa. “El problema no es que nunca existan urgencias. Por supuesto que existen. El problema aparece cuando la excepción se transforma en el modo habitual de trabajar”, resume Schebesta. 

¿Cómo poner límites a la disponibilidad fuera de horario? 

Para que una persona pueda dejar de responder, necesita saber qué asuntos pueden esperar y quién se hará cargo si surge un imprevisto. Acordar horarios de contacto, canales para emergencias, tiempos de respuesta y reemplazos reduce la incertidumbre. También importa que los líderes respeten lo acordado. 

“Para mí, una empresa que quiere trabajar seriamente en salud ocupacional debería incorporar la recuperación como una variable de diseño del trabajo”, plantea Hunt. “La pregunta no debería ser solamente ¿cómo hacemos para que la persona produzca durante ocho horas?, sino también ‘¿cómo diseñamos el trabajo para que pueda terminar su jornada y conservar recursos para el resto de su vida?’”, añade. 

Las reglas deben contemplar las características de cada equipo. Un área con turnos o guardias necesita previsiones diferentes de otra que trabaja con horarios fijos. Por eso, antes de definir medidas, es necesario comprender dónde se concentra la sobrecarga y qué expectativas existen sobre la disponibilidad. 

“Deberían ser acuerdos flexibles y contextualizados, no necesariamente una receta idéntica para toda la organización”, afirma Schebesta, y explica que “la flexibilidad no significa ausencia de reglas. Muchas veces significa exactamente lo contrario: reglas suficientemente claras para que las personas sepan cuándo pueden dejar de estar disponibles”. 

Recuperar energía para la vida fuera del trabajo 

Disponer de horas libres no garantiza tener energía para aprovecharlas. Cuando el cansancio ocupa buena parte del tiempo personal, pueden quedar relegados los vínculos, las actividades recreativas y otros intereses. 

“Si una persona llega a su casa agotada y necesita varias horas para recuperar energía, dormir, aislarse o simplemente ‘no hacer nada’, ese tiempo dejó de ser verdaderamente disponible para su vida personal, familiar, social o recreativa”, expresa Hunt. 

Su mirada pone el foco en el equilibrio ocupacional, es decir, en la posibilidad de sostener distintas actividades significativas sin que el trabajo consuma todos los recursos disponibles. Recuperarse permite disponer de energía para esas actividades y vínculos.  

Schebesta vincula ese objetivo con una forma cotidiana de trabajar: “Necesitamos aprender a conectarnos con lo que hacemos, estar presentes, reconocer cuándo necesitamos parar y construir organizaciones que hagan posible hacerlo.” 

Una pausa que se respeta, una reunión que termina a horario o una cobertura que funciona durante una ausencia llevan esa idea a la práctica. “No se trata solamente de trabajar menos. Se trata de aprender a trabajar de una manera más humana y sostenible”, concluye Schebesta. 

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