Hilados de azul, el proyecto que despertó el espíritu emprendedor en las mujeres rurales

Por
Equipo Santander Post
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El amor de una madre se expresa de diferentes maneras. A través de una mirada, una sonrisa, un abrazo. En el caso de las madres de las escuelas rurales del Partido de Azul, Provincia de Buenos Aires, esperar también era un acto de caridad. Es que, mientras sus hijos o hijas estudiaban, ellas aguardaban hasta que finalizara la jornada escolar. Volver a sus casas, lejos de la institución, significaba que los chicos vuelvan solos.

Así lo notaron en 2006 en el Proyecto “ProMeCER Mejoremos la Calidad de la Educación Rural” dirigido a la población infantil de las escuelas rurales de dicha localidad. Al acompañar a los profesores de Educación Física, Plástica e Inglés, que comenzaron a dar clases en dichas escuelas, los participantes de la iniciativa notaron las largas horas que las madres esperaban a sus hijos. Esto los inspiró para darle utilidad a ese tiempo y reflotar ese espíritu emprendedor, que hasta ese momento no se había encendido en ellas.

“Así fue como voluntarias de la Asociación Azul Solidario, responsables de la coordinación general de ProMeCER, resolvimos ofrecerles también a ellas una alternativa educativa y capacitarlas en hilado de lana de oveja.  Aprendieron este oficio artesanal en compañía de más mujeres rurales, al tiempo que les significó un ingreso económico propio”, explica en entrevista con POST, Veronica Torassa, Presidente de la Asociación Azul Solidario y quien está en la coordinación del proyecto.  

Finalmente, con el nombre de Hilados del Azul, las mujeres rurales pasaron de esperar a emprender. Con husos en la escuela 16 del Paraje La Colorada, las madres empezaban a darle movimiento a sus manos para hilar y generar nuevos ingresos. Tiempo después, la iniciativa crecería al ganar una convocatoria de la Embajada de Australia que permitió la compra de 13 ruecas. De esta manera, se continuó capacitando a más mujeres con la inclusión de cuatro escuelas: Escuela 33, Paraje Arroyo de los Huesos; Escuela 9, Paraje Manantiales de Pereda; y Escuela 57, Paraje Shaw. Hoy se están capacitando, además, en escuelas 43 y 41, de los Parajes La Angélica y Las Rosas, respectivamente.

Con el acompañamiento de la Sociedad Rural de Azul e INTA Azul, continuaron ampliando las técnicas y nuevos aprendizajes. “En el año 2008 ganamos una segunda convocatoria de la Embajada que nos permitió acceder a telares, que significó un nuevo aprendizaje para estas mujeres rurales emprendedoras que continúan trabajando con estas herramientas”, comparte Torassa. 

 

Marisa Martins, coordinadora de trabajos; Gabriela Fortassyn, responsable de ventas y manejo de redes; y Mirta Lafat, una de las hiladoras legendarias de Hilados del Azul

Hoy las artesanas de Hilados del Azul no solamente hilan lana pura de oveja, sino que también se han capacitado en teñidos naturales, telar, diseño de prendas con terminación en tejido a dos agujas y finos bordados también diseñados por ellas. El resultado de todo esto es la creación de prendas como ponchos, ruanas, chales y accesorios de decoración como pies de camas y almohadones, que hacen únicos a sus diseños. 

La vía de comercialización de estos productos finales son las ferias regionales, provinciales y nacionales y, en el contexto de pandemia, se han buscado alternativas a través de las redes sociales. Bajo esta línea, la presidenta de Asociación Azul Solidario agradece la donación de 10 computadoras que realizó Santander para las escuelas rurales, que son, según manifiesta Torassa, “de suma utilidad también para estas mujeres emprendedoras que podrán acceder a las mismas en aquellas escuelas que cuentan con servicio de Internet pudiendo aprender a comercializar on-line a través de las redes”.  

Los aprendizajes y cambios

El proyecto nacido hace ya casi 15 años trajo numerosos aprendizajes. No solo para las madres trabajadoras, sino también para toda la comunidad. “El principal aprendizaje para Azul Solidario ha sido descubrir y poner en valor el interés de las mujeres rurales por aprender y crecer”, afirma a POST la coordinadora. 

Por otro lado, en lo que respecta a las artesanas, asegura que, además de aprender un oficio, “han aprendido a trabajar en equipo, a distribuir roles en una cadena de producción”. Hoy, una prenda del proyecto cuenta con la participación de hasta cinco mujeres: la que hila, la que tiñe, la que realiza el telar, la que finaliza la prenda con terminación de tejido a mano, la que borda y finalmente la costurera.  

Las escuelas rurales también vivieron su proceso de transformación. Sobre el tema, Torassa manifiesta que la iniciativa hizo que se transformaran “en centros de capacitación y de encuentro de mujeres con espíritu emprendedor, que las han incentivado a continuar capacitándose, a hacer conocer y vender sus productos”. 

Finalmente, la coordinadora del proyecto revela todo lo que implica y enseña este proyecto que hoy, quiere seguir en vías de desarrollo. “Hilados de Azul constituye también un ejemplo para sus hijos quienes aprenden sobre la importancia del esfuerzo, del trabajo en equipo y de la importancia de la articulación de instituciones que promueve nuestra Asociación Azul Solidario”.

Con las manos entre hilos, el paso de la quietud al movimiento y la transformación del tiempo en producción, las mujeres rurales partícipes del proyecto saben ahora que emprender también es una manifestación de amor.

Autor
Sonia Measck
Equipo Santander Post
Published Novelist & Marketing Exec. I build brands & tell stories. As an editorial assistant in December 2019. She has previously worked at Monocle 24.

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