Señales sutiles en la rutina laboral pueden indicar un agotamiento creciente; estrategias diarias y cambios en la cultura organizacional ayudan a prevenir que el desgaste laboral afecte la motivación y el compromiso
Más de la mitad de los empleados a nivel mundial llega al final del día sintiéndose agotado y desconectado de su trabajo, según PwC. El desgaste laboral ya no es un problema individual ni algo que se resuelva con una semana de vacaciones; aparece silencioso, paso a paso, hasta que el piloto automático se instala.
En momentos de alta exigencia y presión por resultados, identificar a tiempo las señales de agotamiento se volvió un aspecto fundamental para sostener la productividad, el compromiso y, sobre todo, el bienestar de los equipos.
El desafío es que el desgaste no siempre se presenta de manera evidente. Muchas veces aparece de forma repentina, camuflado en rutinas que se cumplen sin entusiasmo, en una desconexión emocional que pasa desapercibida hasta que el impacto ya es profundo.
“Una de las principales características del desgaste laboral es que comienza sin llamar la atención. No hay una crisis repentina, sino una acumulación progresiva de señales pequeñas”, explicó el Dr. Juan Vaamonde, psicólogo y coach laboral, en diálogo con POST, quien además aborda de manera frecuente estas temáticas en su cuenta de Instagram.
Las primeras señales que suelen pasar desapercibidas
Antes de que el burnout se instale, suelen aparecer indicadores sutiles que, si no se detectan a tiempo, pueden derivar en un desgaste sostenido. Justina Simonetti, psicóloga especializada en Desarrollo y Bienestar Organizacional, le comentó a POST que estas señales tempranas suelen manifestarse en el día a día laboral.
Entre las señales tempranas del desgaste laboral, de acuerdo a la especialista, se encuentran:
- La falta de motivación frente a proyectos y desafíos.
- Dificultades en la comunicación con el equipo.
- Menor capacidad de organización.
- Problemas para cumplir fechas.
- Disminución de atención y memoria durante las reuniones.
- Molestias físicas como dolores de cabeza o espalda.
También aparecen síntomas físicos que muchas veces se normalizan:
- Dolores de cabeza.
- Contracturas en la espalda.
- Malestares estomacales.
- Molestias corporales persistentes.
“El cuerpo empieza a hablar cuando la energía emocional se está agotando”, agregó Vaamonde.
Desde lo conductual, el desgaste se expresa en la procrastinación, la evitación de tareas que antes resultaban simples y una mayor irritabilidad, tanto en el trabajo como fuera de él. “Se pierde el entusiasmo, pero se sigue cumpliendo. Ahí aparece el piloto automático”, advirtió el especialista.
El piloto automático como señal de alerta
Funcionan, cumplen objetivos y responden mails, pero ya no disfrutan lo que hacen. Ese estado, cada vez más frecuente, es una de las antesalas del burnout.
“El piloto automático implica una desconexión con uno mismo, con el deseo y con los propios límites”, explicó Vaamonde. “La persona sigue adelante, pero deja de registrar lo que siente. Eso adormece los sensores internos que nos avisan que algo no está bien”, añadió.
Este fenómeno está estrechamente vinculado con lo que hoy se conoce como “renuncia silenciosa”: empleados que reducen su involucramiento emocional y se limitan a cumplir con lo estrictamente necesario como forma de autoprotección frente al desgaste.
Cómo monitorear el bienestar sin generar control excesivo
Uno de los grandes desafíos que tienen las empresas es acompañar a los equipos sin caer en dinámicas invasivas o de control permanente. En el campo del bienestar organizacional, el monitoreo del clima y del estado emocional de los equipos aparece como una práctica que debe integrarse a la cultura y no vivirse como una auditoría.
Muchas empresas implementan programas de bienestar sin integrarlos realmente al trabajo diario, y solo alrededor del 45 % de los empleados percibe que su organización se preocupa efectivamente por su bienestar, de acuerdo a Gartner. Esto refuerza que el acompañamiento debe ser cultural y continuo, no una acción puntual.
Según Simonetti, entre las herramientas más efectivas se encuentran:
- Feedbacks trimestrales con Recursos Humanos.
- Instancias mensuales de seguimiento con líderes.
- Encuestas de clima organizacional.
- Actividades que fomenten vínculos dentro de los equipos.
En ese marco, las capacitaciones en habilidades blandas y los espacios de trabajo compartidos aparecen como herramientas valiosas para fomentar la escucha, el diálogo y la prevención del desgaste.
Cultura organizacional: el factor que lo cambia todo
La prevención del agotamiento depende del compromiso real de la empresa con sus valores. La cultura organizacional cumple un rol central en la prevención del desgaste, especialmente cuando existe coherencia entre los valores que la empresa comunica y las prácticas reales del día a día.
En este sentido, el informe “Tendencias globales del capital humano 2025” de Deloitte subraya que los líderes deben equilibrar los resultados empresariales con la experiencia humana, poniendo a la motivación y el bienestar del equipo como el centro.
Desde el onboarding, los empleados deberían sentirse acompañados, valorados y parte de un proyecto más amplio. Además, Simonetti agregó que “el reconocimiento de logros y el acceso a herramientas de gestión emocional son aspectos centrales para evitar que la rutina se vuelva monótona y pesada”.
“Exigir sin explotar, estar presentes en los buenos y en los malos momentos, y generar instancias de comunicación durante todo el año es fundamental”, agregó. En ese sentido, el rol de Recursos Humanos no debería activarse solo ante un problema, sino estar disponible de forma constante.
El rol clave de los líderes
Los líderes son el primer radar frente al desgaste de sus equipos. “Si un equipo está desgastado es 50% responsabilidad del líder por no detectarlo a tiempo, por dejar que se llegue a esa instancia y por no levantar la mano y elevarlo a recursos humanos para poder trabajarlo en conjunto”, afirmó la especialista. No se trata de cargar culpas, sino de asumir que el bienestar del equipo impacta directamente en los resultados.
El acompañamiento empieza con la observación, la escucha y la capacidad de elevar las alertas a Recursos Humanos para trabajarlas de manera conjunta. Pero también implica reconocer que los propios líderes pueden desgastarse.
Es un trabajo en equipo que se retroalimenta. Un líder motivado y disponible tiene muchas más chances de sostener equipos saludables.
Estrategias cotidianas para evitar que el desgaste se vuelva crónico
Más allá de las vacaciones, existen prácticas que ayudan a recuperar el registro emocional y prevenir el agotamiento.
Para Vaamonde, la primera es detenerse a identificar cómo nos sentimos. “Nombrar las emociones nos posiciona mejor para tomar decisiones más alineadas con nuestras necesidades reales”.
Establecer límites claros entre el trabajo y la vida personal es otra estrategia importante: respetar horarios, aprender a decir que no y proteger los espacios de descanso. A eso se suman pequeñas rutinas de autocuidado, como:
- Pausas conscientes.
- Actividad física.
- Momentos de ocio.
- Vínculos sociales por fuera del ámbito laboral.
“El apoyo social es uno de los principales factores protectores frente al estrés”, remarcó el especialista.
Cansancio normal vs. desgaste profundo
No todo cansancio es burnout. La diferencia está en la persistencia y el impacto emocional. “Cuando el malestar no se va, incluso después del descanso, y aparece el desgano, el insomnio, la desconexión y la pérdida de sentido, estamos frente a un proceso de agotamiento emocional profundo”, explicó el psicólogo y coach laboral.
En esos casos, no alcanza con una charla motivacional. Se requiere intervención profesional a nivel individual y cambios organizacionales que revisen cargas de trabajo, dinámicas sociales y cultura interna.
Detectar el desgaste a tiempo ayuda a evitar consecuencias más graves y a construir un ambiente laboral más sostenible, en donde el compromiso no se logra a costa del bienestar. Para las empresas, salir del piloto automático también es una decisión estratégica.
Por eso, Incorporar hábitos de reflexión y pausas conscientes en la rutina diaria hace posible que tanto empleados como líderes puedan recuperar el control sobre su energía y motivación. Más allá de las políticas, la clave está en cultivar una cultura en donde un equipo presente y consciente es un equipo que puede detectar, prevenir y revertir el desgaste antes de que se transforme en burnout.
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