Más allá del control horario: cómo la IA está ayudando a las empresas a entender cómo se sienten sus equipos

Por Equipo Santander Post | 15-07-2026 | 5 min de lectura

La adopción avanza de manera gradual, pero ya marca un cambio de enfoque: pasar de medir tareas y horarios a detectar señales de agotamiento, motivación y bienestar, sin perder de vista el rol clave de la escucha humana. 

Durante mucho tiempo, entender qué pasaba dentro de una empresa parecía reducirse a mirar planillas: quién llegó a horario, quién cumplió sus objetivos, quién respondió más rápido o quién estuvo conectado más horas. Pero esa foto, cada vez más, empieza a quedar corta. Detrás de los indicadores tradicionales hay algo más difícil de medir y, al mismo tiempo, decisivo para cualquier organización: cómo se sienten las personas que trabajan ahí. 

La rotación, el agotamiento y la dificultad para retener talento obligaron a muchas compañías a correr el foco. Ya no basta con saber si un equipo cumple. También importa entender si está motivado, sobrecargado, desconectado o cerca de un punto de quiebre.  En ese terreno, la inteligencia artificial empezó a ganar terreno como una herramienta capaz de ordenar señales que antes quedaban dispersas en encuestas, conversaciones internas, reuniones, datos de gestión o plataformas de trabajo. 

Según el Talent Trends Report 2025 de Randstad, el 81% de las empresas en Argentina ya aplica IA en distintas áreas de su negocio. Paralelamente, un estudio de Microsoft, realizado por la consultora Edelman, indica que el 60% de las PyMEs argentinas ya utiliza algún tipo de IA o IA generativa, mientras que el 58% afirma usarla siempre o con frecuencia 

La IA como un gran termómetro interno 

La conferencista y experta en capital humano, Verónica Dobronich, remarca que cada vez más empresas empiezan a incorporar inteligencia artificial para entender mejor lo que ocurre en sus equipos. “La mirada ya no se limita a la productividad: también busca conocer cómo trabajan las personas, cómo colaboran entre áreas y, algo cada vez más importante, cómo se sienten”, introduce. 

“En conversaciones con clientes, aparece con mucha frecuencia la necesidad de contar con más información para tomar mejores decisiones. Por ejemplo, detectar si hay sobrecarga en ciertos equipos, si algunos líderes operan como cuello de botella o si empiezan a surgir señales de agotamiento, desmotivación o desconexión”, refuerza. 

Alejando Melamed, speaker y consultor en capital humano, explica que este es un proceso que cambia día a día. “Cada empresa prueba qué estrategias resultan más efectivas”, introduce el especialista. “Conviene distinguir entre el uso de herramientas de inteligencia artificial para entender cómo están los colaboradores y medir el clima laboral, y otros recursos orientados a evaluar la productividad y el impacto real de esa tecnología en el valor que aporta al negocio”, profundiza Melamed. 

Adopción gradual y paulatina 

“Hay muchas iniciativas de inteligencia artificial, pero todavía queda trabajo por hacer para entender su verdadero impacto en la productividad”, enfatiza Melamed.  De hecho —agrega el consultor—  algunas empresas avanzaron y retrocedieron en ese camino, mientras buscan comprender mejor el proceso.  

En la misma línea, Dobronich sostiene que en Argentina la adopción aún avanza de manera gradual. “De hecho, distintos relevamientos muestran que alrededor de dos tercios de las empresas argentinas todavía no incorporaron la IA de forma consistente en los procesos de Recursos Humanos”, enfatiza la especialista, y agrega que “aún queda mucho camino por recorrer”. 

Al mismo tiempo, lo interesante es que los colaboradores parecen estar más preparados que las propias organizaciones. “Cerca de 7 de cada 10 trabajadores argentinos dicen sentirse cómodos al usar inteligencia artificial en el trabajo. Esto muestra que la barrera hoy no siempre es tecnológica: muchas veces tiene más que ver con la cultura, el liderazgo y la estrategia”, asegura Dobronich. 

La resistencia a lo nuevo 

Melamed también señala que las organizaciones se enfrentan a la resistencia de los empleados. “Saben que pueden poner en riesgo su fuente de trabajo”, remarca Melamed. 

Sobre este punto, Cecilia Inés Giordano, Founder de CG Consulting, agrega que “si las personas sienten que la IA se usa para vigilarlas, rankearlas o sancionarlas, el efecto puede ser contrario al buscado: se deteriora la confianza, aumenta la defensividad y se empobrece la cultura”.  En cambio —sugiere— cuando la organización comunica con transparencia qué datos usa, para qué los usa, cómo protege la privacidad y cómo esas decisiones vuelven en mejores experiencias para los equipos, la tecnología puede convertirse en una aliada. 

Lo que la IA no puede reemplazar 

De todas formas, Giordano remarca que la IA no reemplaza la conversación humana. Puede mostrar patrones, pero no siempre explica sus causas. Puede detectar señales, pero no interpreta por sí sola la historia, el contexto ni las emociones que hay detrás. “Por eso, las mejores organizaciones no van a ser las que más midan, sino las que mejor sepan unir datos con escucha, tecnología con criterio humano y productividad con bienestar”, asegura.  

Dobronich adhiere a esta postura y agrega que el verdadero cambio no pasa por usar la IA para controlar a las personas, sino por aprovecharla para comprender mejor qué sucede dentro de los equipos: anticipar problemas, mejorar la experiencia de los colaboradores y tomar decisiones más inteligentes. 

Sin embargo, aclara: “La inteligencia artificial puede detectar señales, tendencias o alertas. Lo que no puede reemplazar es la mirada humana. No reemplaza la empatía, la escucha ni una conversación de calidad entre un líder y un colaborador. De hecho, cuanto más avanza la IA, más importantes se vuelven las habilidades humanas”. 

Por último, Melamed concluye que las empresas deben apuntar a una agregación genuina de valor mediante la IA. “No a la sustitución de personas, sino a que la inteligencia artificial contribuya a que cada persona pueda aportar más”, subraya. 

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