Planificar cómo se va a usar el dinero cada mes es una decisión que impacta directamente en la tranquilidad financiera.
Un presupuesto mensual bien armado ayuda a cumplir metas y a evitar sorpresas indeseadas. No tiene por qué ser complicado ni tedioso: con algunos pasos claros es posible mejorar la relación con los ingresos y los gastos.
En POST recorremos seis pasos concretos para diseñar una planificación financiera personal que se adapte al día a día y acompañe los objetivos a futuro.
Calcular todos los ingresos mensuales
El primer paso para armar un buen presupuesto personal es saber con precisión cuánto dinero se recibe cada mes. El sueldo —o los ingresos derivados de una actividad profesional o comercial— es solo el punto de partida. También es importante sumar otros ingresos, como intereses por inversiones, trabajos extra, rentas u otras entradas de dinero que se perciban durante el mes.
A la vez, conviene distinguir entre ingresos fijos (salarios o trabajos freelance con pago fijo), ingresos semifijos (como la renta de un inmueble con contrato próximo a vencerse) e ingresos variables (intereses por inversiones o trabajos independientes sin monto estable).
Para quienes dependen únicamente de ingresos variables, calcular un promedio de los últimos meses permite tener una referencia más cercana a la realidad. Contar con un número claro es fundamental para ordenar las finanzas personales y avanzar con el resto de la planificación.
Registrar todos los gastos fijos y variables
Un presupuesto mensual se construye a partir de lo que entra y también de lo que sale. Por eso, después de identificar los ingresos, el siguiente paso es registrar los gastos mensuales, diferenciándolos por tipo:
- Los gastos fijos son aquellos que se repiten y mantienen montos similares, como alquiler, cuotas, transporte o seguros. Generalmente no pueden ajustarse en el corto plazo.
- Los gastos semifijos también se repiten, aunque sus montos pueden variar levemente de un mes a otro. Servicios como electricidad o compras de supermercado son ejemplos habituales. Estos pueden ajustarse, aunque con ciertos límites.
- Por último, los gastos variables cambian mes a mes y pueden modificarse con mayor facilidad. Entre los más comunes están las compras online, el entretenimiento y las salidas gastronómicas.
El nivel de detalle es clave: muchas veces son los pequeños consumos los que, acumulados, generan mayor impacto al final del mes.
Comparar ingresos y gastos
Una vez definidos los ingresos y los gastos, es momento de calcular el saldo. Si el resultado es positivo, existe margen para ahorrar, invertir o destinar recursos a nuevos objetivos financieros.
Si el saldo es negativo o muy ajustado, significa que los gastos superan a los ingresos o que el margen es insuficiente. En ese caso, será necesario revisar hábitos de consumo y evaluar posibles ajustes.
Este análisis permite observar de manera objetiva si se vive al límite o si hay espacio para fortalecer la salud financiera.
Definir objetivos financieros
Antes de cerrar el presupuesto, es importante establecer objetivos financieros claros. Pueden ser metas de corto y mediano plazo —como pagar deudas, realizar un viaje o invertir en educación— y también metas de largo plazo, como construir una cartera de inversión para el retiro.
Tener metas definidas no solo ayuda a sostener la motivación, sino que orienta las decisiones de gasto y el porcentaje que se destinará al ahorro e inversión cada mes.
Armar el presupuesto y asignar prioridades
Con toda la información disponible, llega el momento de organizar el presupuesto mensual. Una forma práctica es dividir los ingresos en categorías según prioridades y objetivos.
Algunas personas utilizan métodos como la regla del 50/30/20 (50% para necesidades, 30% para deseos y 20% para ahorro y deudas). Más allá del esquema elegido, lo central es que el presupuesto sea realista y esté alineado con la situación personal.
Entre las recomendaciones más habituales se encuentran priorizar los gastos esenciales, destinar un porcentaje fijo al ahorro o la inversión y ajustar los gastos variables para que no superen lo que realmente se puede pagar.
Si luego de asignar cada partida el dinero no alcanza, será necesario revisar nuevamente el esquema y reducir gastos no esenciales. También puede evaluarse la posibilidad de generar nuevas o mejores fuentes de ingresos.
Controlar y ajustar el presupuesto con regularidad
Un presupuesto personal no es un ejercicio que se realiza una sola vez. Requiere seguimiento mensual. Registrar los gastos reales a medida que avanza el mes y compararlos con lo planificado es una práctica que permite mantener el control.
Este monitoreo facilita realizar ajustes cuando cambian los ingresos, surgen imprevistos o se modifican las metas. Además, apoyarse en herramientas digitales para organizar el dinero, como aplicaciones de presupuesto, puede simplificar el proceso y ayudar a sostener el orden financiero en el tiempo.
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