Educar para el empleo: las oportunidades de Vaca Muerta

Guillermo Tempesta Leeds

Presidente Santander Argentina y Fundación Santander

15-04-2026 | 4 min de lectura

La industria energética argentina demanda talento técnico especializado a una velocidad inédita. Desde Santander, creemos que acompañar esa formación — e integrarla con educación financiera — es parte de nuestro compromiso con el desarrollo del país.

Cuando hablamos de Vaca Muerta, pensamos en reservas, barriles, exportaciones y divisas. Todo eso es real e importante. Pero hay otra dimensión de este fenómeno que también merece atención: quiénes van a trabajar ahí y cómo se van a formar. Esa pregunta, si no la respondemos bien y a tiempo, puede convertirse en el principal cuello de botella de uno de los motores productivos más dinámicos que tiene hoy la Argentina. 

La proyección es clara: la industria energética está demandando perfiles técnicos especializados a una velocidad que pocos sectores alcanzan. Y la velocidad a la que crece es, en cierta forma, inédita. Los sistemas de formación (incluso los mejores) necesitan tiempo para adaptarse a demandas tan específicas.  

Y esa brecha es una oportunidad para que el sector privado, el Estado y las instituciones educativas trabajemos juntos con más coordinación y más urgencia. Estoy convencido de que el Instituto Vaca Muerta (IVM) es eso: una respuesta colaborativa, construida desde adentro del sector, para acompañar un crecimiento que ya está ocurriendo y contribuir con la empleabilidad tanto del sector como de la sociedad en general. 

El Instituto Vaca Muerta: una respuesta a la altura del desafío 

El IVM es una iniciativa que me parece ejemplar en su diseño. Ubicado en el Polo Tecnológico de Neuquén, cuenta con aulas taller, salas de simulación y un pozo escuela donde los estudiantes pueden entrenarse en condiciones operativas reales, algo poco frecuente incluso a nivel regional. Los cursos son técnicos, certificados, con fuerte carga de seguridad operativa, gestión de riesgos y cumplimiento normativo. Cuatro meses de formación intensiva, práctica, con salida laboral concreta. 

La convocatoria inicial reflejó el interés que despierta el sector: más de 13.000 inscriptos para una primera cohorte de 670 seleccionados. El IVM proyecta formar entre 2.000 y 3.000 personas por año. Son números que importan, pero más importa todavía el modelo: formación colaborativa, impulsada por las propias empresas del sector, orientada a perfiles específicos que el mercado demanda hoy y va a demandar aún más mañana. 

El rol del sector privado en la formación 

Desde Santander, creemos que el sector financiero no puede mirar este proceso desde afuera. Somos parte del ecosistema productivo del país y eso implica responsabilidades que van más allá de la intermediación financiera. Hace más de 28 años que acompañamos iniciativas de educación, empleabilidad y emprendedurismo en todo el país. Y lo hacemos porque entendemos que la educación es la inversión con mayor retorno social posible y porque el progreso de las comunidades donde operamos es también nuestro progreso. 

Por eso, nuestra decisión de sumarnos al Instituto de Formación Técnica Vaca Muerta no es un paso aislado. Es la expresión natural de una estrategia que venimos construyendo: acompañar a las personas en la transición hacia el empleo en sectores donde las oportunidades son reales y concretas. 

Lo que Santander aporta: técnica más finanzas 

Nuestra alianza con el IVM tiene una lógica que nos parece valiosa: integrar la formación técnica con la educación financiera. No son mundos separados. Una persona que termina un curso de mantenimiento mecánico y consigue su primer empleo formal en la industria energética va a enfrentar, probablemente por primera vez, ingresos significativos, decisiones de ahorro, posibilidades de crédito. Si no tiene herramientas para administrar esa nueva realidad, el impacto de su inserción laboral se diluye. 

En el marco de este acuerdo, Santander va a brindar sesiones de educación financiera a los participantes del IVM y un aula va a llevar el nombre de Santander como señal de este compromiso de largo plazo.  

Una reflexión final 

Vaca Muerta es producción, es inversión, es demanda de talento creciendo mes a mes. Cada puesto directo que genera la industria energética multiplica el empleo en actividades conexas — transporte, hotelería, comercio, servicios profesionales. El impacto ya se siente en Neuquén y en las provincias de la región. La pregunta no es si va a crecer, sino si vamos a estar preparados para acompañar ese crecimiento con personas formadas, con comunidades fortalecidas, con herramientas concretas. 

Nosotros elegimos ser parte de esa construcción. Y lo hacemos convencidos de que una Argentina que forma a su gente es una Argentina que crece de manera más justa y más sostenible. 

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