Finanzas en redes sociales: cómo distinguir el contenido financiero bueno del malo

Por Equipo Santander Post | 06-07-2026 | 7 min de lectura

Las redes acercaron conceptos de ahorro e inversión a públicos que antes no hablaban de dinero. El problema aparece cuando una recomendación pensada para miles de personas se toma como una decisión personal. 

Un video de treinta segundos puede alcanzar para entender qué es un bono, cómo funciona un fondo común o por qué conviene separar el ahorro de los gastos del mes. También puede ser suficiente para que alguien invierta apurado en algo que no entiende, solo porque una persona con muchos seguidores mostró una ganancia enorme y dijo que era “una oportunidad”. Las finanzas en redes sociales viven en esa tensión.

Por un lado, abrieron una puerta valiosa. Hablar de dinero dejó de ser un tema reservado a especialistas o mesas de inversión. Hay creadores que explican con claridad, acercan conceptos básicos y ayudan a que más personas se animen a ordenar sus cuentas.

Por otro lado, ese mismo formato premia la promesa rápida y el resultado espectacular. El algoritmo no siempre distingue entre educación financiera y marketing agresivo. Para quien mira desde el celular, la diferencia puede ser difícil de detectar.

El verdadero riesgo está en tomar una publicación como si fuera asesoramiento personal.

El consejo que sirve para uno puede ser pésimo para otro

Sofía Gueler, magíster en Finanzas y socia de la consultora Finmente, explicó en diálogo con POST: “No existe la mejor inversión en general, existe la mejor inversión para cada situación particular”.

La comparación que usa ayuda a entenderlo. En nutrición, otro tema lleno de recomendaciones en redes, nadie espera que un deportista de alto rendimiento y una persona que recién empieza a cuidarse sigan el mismo plan. Con las inversiones pasa algo parecido. Ahorrar para una casa o invertir un excedente no son objetivos intercambiables.

También importa el tiempo. No es lo mismo poner a trabajar dinero que se va a necesitar en seis meses que capital que puede permanecer invertido durante diez años. El mismo instrumento puede ser adecuado en un caso y generar un problema en otro.

Por eso, para Gueler, la primera pregunta no debería ser “¿en qué invierto?”. La pregunta útil llega antes. ¿Para qué quiero invertir, cuándo voy a necesitar esa plata y qué pasaría si la inversión baja justo después de entrar? Esa pausa no tiene nada de sofisticada. Pero cambia el punto de partida. La persona deja de buscar “la inversión ganadora” y empieza a pensar si esa herramienta encaja con su vida real.

La trampa del rendimiento perfecto

Muchas publicaciones financieras muestran el final feliz. La acción que subió, la cripto que explotó, el fondo que rindió mejor que el dólar, la cartera que duplicó su capital. Lo que no siempre aparece es el camino.

Con el diario del lunes, todos podemos mostrar rendimientos espectaculares. Lo que muchos creadores de contenido no muestran es cuánta plata se perdió en el camino, o cuántas otras apuestas no funcionaron antes de esa que sí”, señaló Gueler.

Ese recorte puede ser peligroso. Si alguien entra a una inversión sin saber que puede caer un 30%, un 50% u 80%, probablemente venda cuando el miedo sea más fuerte. No porque la inversión necesariamente sea mala, sino porque nunca entendió en qué se estaba metiendo.

Gueler mencionó el caso de Palantir, una acción tecnológica vinculada a la inteligencia artificial que en 2022 cayó cerca del 85% desde sus máximos y luego tuvo una recuperación enorme. El ejemplo no funciona como recomendación. Sirve para mostrar que un gráfico final puede ocultar años de riesgo.

En redes, el rendimiento suele ocupar toda la pantalla. Pero una inversión también tiene costos, plazos, liquidez, impuestos, escenarios adversos y un nivel de estrés asociado. Si nada de eso aparece, falta información.

Fuentes, riesgo y ventas disfrazadas

Para Elena Alonso, economista, CEO y co-founder de Emerald y founder de ElenaFinanciera.com, una de las primeras señales para evaluar contenido financiero es mirar de dónde sale el dato.

“Si alguien afirma un número, la pregunta es simple: ¿cuál es la fuente, de dónde proviene?”, planteó en conversación con POST. En Argentina, mencionó algunas referencias como BYMA, INDEC, BCRA o CNV. Si el dato no puede verificarse, el usuario queda sujeto a la confianza en quien habla.

La segunda señal está en el riesgo. Alonso repitió una regla que parece obvia, aunque muchas publicaciones la borran del plano. A mayor rentabilidad, mayor riesgo asociado. Según la economista, una rentabilidad anual normal puede ubicarse hoy entre 6% y 8% en dólares, o en torno al 25% al 35% de tasa nominal anual en pesos. Una propuesta muy alejada de esos rangos, sobre todo si habla de retornos mensuales altos, debería encender una alarma.

La tercera señal es más incómoda. Hay que mirar si esa persona quiere educar o vender algo sin decirlo. Alonso aclaró que vender no está mal. Ella misma tiene una plataforma de educación financiera. El problema aparece cuando una venta se presenta como consejo desinteresado. No es lo mismo explicar un concepto que empujar a una decisión. Tampoco es lo mismo recomendar una herramienta general que llevar a alguien a comprar un producto.

Quién habla también importa

La cantidad de seguidores puede dar visibilidad, no autoridad. En temas financieros, conviene mirar quién está detrás del contenido, qué formación tiene, qué experiencia muestra y si está habilitado para lo que dice hacer.

En Argentina, la Comisión Nacional de Valores tiene registros públicos para consultar agentes autorizados del mercado de capitales. También cuenta con un Registro Público de Idóneos, donde figuran personas con idoneidad aprobada para actividades de venta, promoción o asesoramiento al público inversor a través de un agente autorizado.

Esto no significa que solo una persona registrada pueda impartir educación financiera básica. Pero sí significa que el usuario debería saber si está viendo contenido educativo, una opinión personal, publicidad o asesoramiento profesional.

La urgencia es otra pista. Cuando una publicación insiste en “entrar ya”, “aprovechar antes de que suba” o “no quedarse afuera”, conviene frenar. La presión por actuar rápido suele ser una mala compañera en las decisiones financieras. La pregunta es si ese contenido ayuda a entender o empuja a actuar, sostuvo Alonso. Si después de verlo la persona puede plantearse mejores preguntas, hay valor. Si solo siente ansiedad por invertir antes de que sea tarde, algo no cierra.

El problema del dinero fácil

Las fórmulas mágicas no seducen en cualquier contexto. Suelen entrar mejor cuando una persona necesita creer que una inversión puede resolver un problema de ingresos. “La fórmula mágica no seduce a cualquiera: seduce justo a quien más necesita que sea verdad“, advirtió Alonso.

El daño más evidente es el económico. Personas que invierten dinero que necesitan para vivir, usan ahorros de emergencia o incluso se endeudan para entrar en una oportunidad que no comprenden. Pero hay otro costo. Cuando la promesa falla, mucha gente no piensa “me vendieron algo falso”. Piensa “las finanzas no son para mí” o “esto es una timba”. Y se aleja de herramientas que, usadas con criterio, podrían ayudarla a ordenar su patrimonio.

Para Alonso, la construcción de riqueza suele ser mucho menos atractiva de lo que muestran las redes. Requiere foco, orden y decisiones repetidas durante mucho tiempo. Ese mensaje sí se parece más a la realidad.

Una puerta de entrada que necesita filtros

Un estudio difundido en mayo de 2026 por Queen Mary University of London, con apoyo de Aberdeen Group Charitable Trust, analizó casi 2.500 cuentas de finfluencers en Instagram, TikTok y YouTube. La investigación concluyó que casi nueve de cada diez publicaciones con orientación financiera tenían más rasgos negativos que positivos de calidad. También señaló que una proporción baja mencionaba credenciales importantes o incluía aclaraciones suficientes.

El dato no anula el valor de las redes. Muestra que el filtro no puede quedar en manos del algoritmo. Gueler cree que las redes pueden ser una excelente puerta de entrada para interesarse por las inversiones, siempre que después se complementen con fuentes más profundas y, cuando sea posible, con profesionales.

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